martes, 15 de marzo de 2011

Algo alucinante: Tlacoaleche y sus 21 silos, en Guadalupe, Zacatecas.

Efectivamente, llegar a Tlacoaleche y luego de cruzar unas cuantas calles del pueblo y ver como sobresalen entre varias azoteas las puntas de los silos fue algo en verdad, más que sorprendente, alucinante. Estando en Santa Mónica fue que me enteré del museo en Zoquite y estando en Zoquite fue que supe de la existencia de más silos, de más conos a tan solo siete kilómetros de distancia, así que hacia allá me dirigí.

El panorama, te lo vuelvo a decir, es alucinante. Una hacienda que al paso del tiempo creció de tal manera que ahora es la comunidad más poblada del municipio de Guadalupe, en Zacatecas, luego de lo que es la cabecera municipal. Un pueblo grande de vida apacible, de indiscutible vocación agrícola en donde lo que atrajo mi atención fueron las puntas cónicas de los silos.

El que ahora vemos, bien podría decir que es único en su género, al menos hasta ahora no he visto otro igual en diseño. Es el "cono mocho" como muchos le nombran a esta tolva, es el más grande, no sé la razón por la cuál se hizo más grande y en un diseño distinto, si vemos son dos conos superpuestos, podemos ver claramente los escalones por donde los peones al hombro llevaban los costales de maíz o algún otro grano, para vaciarlos desde arriba.

El contraste entre una cierta modernidad que nos da el tractor, que si bien no es de última generación pero, sí armado un siglo después de que los silos fueran terminados, nos da la idea de lo que disfrutaremos en Tlacoaleche, ese ir y venir en el tiempo. Me sigo sorprendiendo y, más aun, maravillando, de la técnica de construcción desarrollada allá en 1830 y tantos, cuando fueron levantados.

A diferencia de los silos de Santa Mónica que están dispuestos en forma circular, estos lo están en forma lineal y paralela, son tres tramos perfectamente orientados y a la prudente (y calculada) distancia para que la sombra de uno no le afecte a los demás. Se disponen, de sur a norte, ocho, siete y cinco; entre las dos primeras líneas es que está el mayor, el "mocho", el cual tiene la característica de que ha sido utilizado hasta como centro nocturno recientemente.

Me sorprende en mucho ver un diseño tan avanzado al inicio del segundo cuarto del siglo XIX, diseño que contrasta por su sencillez con el neoclásico de muchas haciendas construidas en el mismo periodo. Diría que este diseño aplica en la actualidad dentro del diseño minimalista, pues nos muestra una forma pura y definida.

Me sorprende ver los acabados de cal y canto, si los conos fueron construidos en piedra y luego enjarrados con esa mezcla de un cemento más que primitivo, original; el resultado es lo que apreciamos: que luego de 175 años, un poco más, un poco menos, siguen en pie y en perfectas condiciones.

Anotado todo esto, te dejo (cual la costumbre ya marca) una buena cantidad de fotografías para que veas esa pureza de línea, esa abrumadora sencillez y, al igual que me sucedió cuando los vi, te alucines un poco con esta auténtica maravilla de la tecnología constructiva del México decimonónico.





















Llegar a Tlacoaleche es de lo más sencillo, si vas en auto, verás el entronque, justo donde se levantan los conos de Santa Mónica, entre Guadalupe y Trancoso, hacia el oriente está la carretera que llega hasta ese pueblo, además de la hacienda y los conos podrás conocer el templo en donde se venera al Niño de las Palomas.

3 comentarios:

  1. Benja,
    ¡Te felicito! A traves tus esfuerzos, poco a poco se está resolviendo el rompecabezas de los conos.

    ResponderEliminar
  2. ahi en Zoquite, hay un rancho,en el que hay casas de campo de mis primos, los dueños de los hoteles en Zacatecas, mas nunca vi los conos esos, de verdad son de admirar, por su forma y su construccion, te felicito por tu reportaje. un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Wow! si aqui en imagenes se ven impresionantes, ya me imagino en vivo y a todo color...¡Felicidades!

    ResponderEliminar